jueves, 16 de septiembre de 2010

EL GRANJERO EGOISTA

De antemano decir que nada tiene que ver esto con "El gigante egoista" de Oscar Wilde. El gigante se vuelve bueno y humilde, mientras que el granjero al que aquí hago referencia, además de ser egoista se vuelve embustero y mala persona.

Este granjero, que se las daba de serlo muy bueno, se pensaba que por llevar mucho tiempo trabajando en granjas era el mejor. ¡Qué iluso!, la experiencia va unida a la inteligencia y a la capacidad de aprendizaje que tengas, y no por llevar muchos años en un oficio significa que debas ser el mejor. Bueno, este granjero, tan experimentado según el, pero chapucero en su trabajo, se pensaba que por haber trabajado en una gran granja sería capaz de llevar la suya propia. Tuvo suerte y entre subvenciones y "otras cosillas" logró montarla. Era una gran granja, de las mejores de la zona. Tenía lo último en tecnología y una buena plantilla de trabajadores, que gracias a ellos hacía que esta fuese muy productiva. Pero como el título dice, era muy egoista, le podía el dinero más que otra cosa, siempre pensaba en él y todo lo que hacía giraba en torno al vil metal.

Pronto la granja era muy conocida por toda la región. El granjero se hizo de oro y ampliaba constantemente su granja con más vacas, era raro el día que no compraba una. Era preferible invertir en vacas, pues aumentaba su patrimonio, que invertir en tener contentos a sus trabajadores. Además de egoista era un corto de inteligencia, se olvidaba que gracias a todos sus empleados, que ordeñaban, limpiaban, daban de comer a las vacas.... su granja era productiva, muy productiva. Cada vez pensaba en comprar más vacas y desatendía a sus trabajadores.

Pero llegó un año de sequía, de los gordos. No llovía y los pastos empezaron a secarse. Cada día había menos hierba con la que alimentar las vacas y la situación era insostenible. Los trabajadores de la granja empezaron a ver el futuro gris, no lo tenían nada claro. Si no entraba pasto en la granja pronto se quedarían sin trabajo. Lo mejor hubiera sido ir vendiendo vacas e ir prescindiendo de trabajadores, pero como era tremendamente egoista, no pensaba ceder ni un ápice. ¡Qué locura!, ¡vender mis vacas!, mejor sigo con ellas que para eso son mías.

Como no generaba beneficios decidió dejar de pagar a sus trabajadores, de esta forma sacaba dinero para comprar pasto y, lo más importante, sacaba dinero para ahorrar y mantenerse él y su familia. ¿Los trabajadores?, ¡qué mas dá!, ¡que se aguanten, mientras yo siga adelante...!, ¡qué egoista!, prefería arruinar muchas familias antes que repartir sus beneficios. Lo que no sabía ese granjero egoista es que el tiempo pone a cada uno en sus sitio, y eso es lo que hace falta.... que pase el tiempo.

1 comentario:

  1. Yo he currado en una granja de esas...

    Ahora trabajo para otros dos granjeros del mismo estilo. Por desgracia es lo que toca en éste país.

    ResponderEliminar